La Raiz del Olivo

Donde se guardan para siempre los recuerdos más ocultos de mi corazón... Siempre te recordaré.

martes, 11 de mayo de 2010

Una de Historia...

Hace ya casi un año que escuché esta historia que os dejo aquí a continuación.... En la terraza de un hotel de Benalmádena, celebrando una de mis despedidas de soltero, rodeado de lo mejorcito que puebla esta tierra, va mi gran amigo Manolo y suelta esta perla... "Sabéis que existió en el pasado una orden religiosa llamada Las Pajilleras de San Juan De Dios" ??? Dios mío que dice este tío!!! Si llevamos sólo cuatro horitas en esta terraza.. jejjejejj.... Os podeis imaginar hasta donde se escucharon las risas... y hasta donde llegaron las ideas que surgieron de las cabezas del resto del grupo.... que buena tarde... que gran despedida!!!!

Pues aquí os dejo un artículo que me envió hace unios días otro de los componente de esa despedida (Rafa) y que da crédito a esa... a esa....barbaridad!! que salió a la luz aquel día:

El País, domingo 20 Septiembre:

EL CUERPO DE PAJILLERAS DEL HOSPICIO DE SAN JUAN DE DIOS DE MÁLAGA

En diciembre de 1847, se autorizaba la creación (merced a una especialísima dispensa del Obispo de Málaga) del Cuerpo de Pajilleras del Hospicio de San Juan de Dios, de Málaga.

Las pajilleras de caridad (como se las empezó a denominar en toda la península) eran mujeres que, sin importar su aspecto físico o edad, prestaban consuelo con maniobras de masturbación a los numerosos soldados heridos en las batallas de la reciente guerra carlista española.

La autora de tan peculiar idea, habia sido la Hermana Sor Ethel Sifuentes, una religiosa de cuarenta y cinco años que cumplía funciones de enfermera en el ya mencionado Hospicio. Sor Ethel habia notado el mal talante, la ansiedad y la atmósfera saturada de testosterona en el pabellón de heridos del hospital. Decidió entonces poner manos a la obra y comenzó junto a algunas hermanas a "pajillear" a los robustos y viriles soldados sin hacer distingos de grado. Desde entonces, tanto a soldados como a oficiales, les tocaba su "pajilla" diaria. Los resultados fueron inmediatos.

El clima emocional cambió radicalmente en el pabellón y los temperamentales hombres de armas volvieron a departir cortésmente entre sí, aún cuando en muchos casos, hubiesen militado en bandos opuestos.

Al núcleo fundacional de hermanitas pajilleras, se sumaron voluntarias seculares, atraídas por el deseo de prestar tan abnegado servicio. A estas voluntarias, se les impuso (a fin de resguardar el pudor y las buenas costumbres) el uso estricto de un uniforme: una holgada hopalanda que ocultaba las formas femeniles y un velo de lino que embozaba el rostro.

El éxito rotundo, se tradujo en la proliferación de diversos cuerpos de pajilleras por todo el territorio nacional, agrupadas bajo distintas asociaciones y modalidades. Surgieron de esta suerte, el Cuerpo de Pajilleras de la Reina, Las Pajilleras del Socorro de Huelva, Las Esclavas de la Pajilla del Corazón de María y ya entrado el siglo XX, las Pajilleras de la Pasionaria que tanto auxilio habrían de brindarle a las tropas de la República.

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